El Esparto en Blanca

Enclavada en el valle del Segura, la localidad blanqueña se encuentra en un privilegiado entorno natural, rodeada de montañas y arropada por el cauce del río Segura.

El Esparto

El esparto, esa planta de la familia de las gramíneas, con hojas muy largas en forma de filamento y que sirve, entre otras cosas, para el trenzado y posterior elaboración de alfombras.

 

Esta planta ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales, tomando un gran auge en el siglo XlX, en el cuál se llegó a exportar cifras importantes de sogas, cordeles y producción artesanal en general de esparto obrado que se solicitaban desde el extranjero. Es ahora cuando en la comarca aparece muy precozmente una máquina para majar esparto, figurando ya como la primera localidad que la introdujo. El ejemplo cundió poco a poco en todo el Valle de Ricote e irán proliferando fábricas de cordeles e hilados; fundamentalmente en Blanca, de alfombras, desarrollándose una potente e importante actividad manufacturera y fabril, trabajada por gente sencilla y humilde. Se trató, por tanto, al principio de una industria domiciliaria y doméstica que irá evolucionando hacia la fábrica, sin que por ello desaparezca la primera faceta.

 

Por problemas de desabastecimiento en las industrias papeleras británicas en la segunda mitad del siglo XlX a causa del conflicto de Sucesión, se inicia la época de mayor expansión comercial de esta fibra en bruto. El auge económico y el mercado expansivo producirían deterioro a la planta que, una vez más, reduciría la producción por la forma depredadora de su expansión y como resultado el alza de precios, que trajo consigo el desvío de compra de esparto por parte británica hacia otros lugares.

 

Ciclos económicos de recesión o auge vivirá el esparto, condicionado por fenómenos bélicos en muchas ocasiones y en el siglo XX. Sería durante la Guerra Mundial cuando de nuevo países beligerantes buscarían el esparto español por estas circunstancias. Murcia a partir de entonces se convertirá en la primera provincia productora. En Blanca van naciendo en torno al esparto varias fábricas de sogas y cordeles e igualmente negocios de espartererías, no siendo aquí nada de significativo la exportación.

 

Pasado el conflicto internacional la demanda de esparto extranjera fue menguando dirigiéndose hacia mercados coloniales en busca de plantas exóticas, incluso los propios comerciantes internacionales se desvían hacía allí en busca de mejores precios, y es que sólo con medidas proteccionistas sostendrán los niveles de producción a precios competitivos. En Blanca, los vecinos más pobres intentan arrancar esparto por su cuenta aprovechando la noche, y así aumentar sus ingresos. Muchas veces eran sorprendidos y denunciados por la Guardia Civil.

 

Tras la guerra civil española, Murcia, y dentro de ella Blanca, pusieron en marcha un tipo de economía espartera, como constatación del valor que adquiriría esta materia en esa difícil época de autosuficiencia.

 

Como en el resto del país, se echó mano de todo aquello disponible que pudiera crear riqueza general, provincial, local o individual.

 

El esparto beneficiará en los años cuarenta a los cosecheros de fincas particulares y a las instituciones que los posean en sus montes. Todos ellos tendrán en común la seguridad de ser comprados o vendidos al no existir competencia.

 

Autarquía, ahora equivale, en torno al esparto, a mercado en expansión, es una forma de desarrollo en época de pobreza generalizada, pero también significa trabajo duro, como dura es la situación del país.

 

Blanca pasará así en esos años del tipo tradicional artesano espartero a convertirse en ejemplo de pueblo-empresa, con industrias de picado basadas en esparto, creando una infraestructura económica importante ante la coyuntura general, cuyo ejemplo lo encontramos en Industrias Magineroso, una de las pocas que en la actualidad quedan en nuestro país que se dedique a este tipo de manufactura.

 

Los orígenes de esta industria se remontan a finales del siglo XIX, en que don Rafael Molina Cano fundó un grupo de empresas, con el nombre de Fábrica San Rafael, formado por fábrica de hielo, telares de hilo y algodón, puntas metálicas (púas) y una pequeña central eléctrica (la primera de la Región; suministraba la energía necesaria para mover los telares y otras maquinarias y, con la energía sobrante, se realizó el alumbrado público del pueblo de Blanca, en 1892), fábricas de picar esparto e hilado y fabricación de alfombras. Al morir éste, el 28 de febrero de 1896, con tan solo 36 años, la empresa pasó a su viuda, doña Purificación Fernández, que se vio obligada a deshacerse de ella, transmitiéndola a don Joaquín Payá López.

 

Es en 1919 cuando su hijo, don Generoso Molina Fernández, funda Industria Magineroso, a partir de los vestigios de las fábricas de su padre del machacado de esparto y de la confección de alfombras con este material. Por estas fechas el esparto gozaba de uno de sus mejores momentos, pero es después de la posguerra, entre 1940 y 1960, cuando las alfombras tienen su mayor demanda, exportándose a toda Europa, especialmente a los Países Bajos, dando trabajo a uso 300 obreros (en la actualidad tiene una decena).

 

Al fallecer Generoso Molina, en 1953, con 63 años, es su hija, Antonia Molina Pérez, la que se hace cargo de la industria, y es a partir de los años 60 del pasado siglo cuando empieza la decadencia, debido a la importación de alfombras de fibras vegetales de países de Asia, sobre todo, bastante más baratas aunque de inferior calidad. La crisis económica de 1973 le afecta y, en 1979, tiene que cerrar, aunque sigue vendiendo sus stocks; resurge en 1983 tras superar con no poco esfuerzo la situación, centrándose en la fabricación artesanal de alfombras de esparto (machacado y azufrado, con textura distinta al natural, que le da un especial encanto), hoja de maíz y sisal. Se trabaja, generalmente, por encargo y, don José Javier Blanco Molina, hijo de Antonia Molina, nos dice que «la gama de colores es muy amplia, 18 tonos y varios modelos que, según su combinación, medidas, formas… hace posible una infinidad de creaciones distintas», que se pueden comprar en tiendas de decoración de toda España y, en nuestra Comunidad Autónoma, en los centros de artesanía de Murcia, Lorca y Cartagena.

 

La centenaria industria artesanal ha recibido importantes premios y reconocimientos, de los que cito: Medalla de Plata en el V Congreso Nacional de Riegos (exposición aneja), celebrado en Valladolid en octubre de 1934; Medalla de Honor en la I Exposición Internacional de Artesanía de 1953; ´Empresa Centenaria´, reconocimiento de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación, en 1999; ´Carta de Maestro Artesano´ a favor de Antonia Molina Pérez, en la rama de Esterería y Productos de Esparto, en 2000, y Premio Mercurio, en 2009.

 

Felicidades a la familia que va transmitiendo de generación en generación esta labor artesana y a todas las mujeres que se han dedicado durante años a esta dura tarea.

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